Necesidades, ¿Y tú de quién eres?

Imatge

Como rezaba el anuncio de Kas naranja y Kas limón, ¿y tú de quién eres? Existen dos bandos enfrentados, como Madrid y Barcelona o Jedi y Sith, que llevan discutiendo desde que se inventó el marketing, los que defienden que las necesidades se crean y los que consideran que las necesidades ya existen con anterioridad.

Los que profesan su amor por la habilidad de crear necesidades encuentran sus argumentos en el hecho que algunos productos innovadores son tan revolucionarios que no responden a una necesidad per sé, sino que crean una nueva gracias a sus particularidades. Un ejemplo que se acostumbra a poner es el de las tablets, tan en boga en estos tiempos.

El bando contrario no se queda corto y argumenta que no se pueden crear nuevas necesidades porque todos y cada uno de los ejemplos que se ponen, si se rasca un poco la superficie, se pueden encontrar encuadrados en una necesidad que ya existía anteriormente. Su ejemplo base son los teléfonos móviles, que simplemente cubren la necesidad clásica de comunicarse que han tenido los seres humanos desde tiempos inmemoriales.

Y como no se puede sacar este tema sin pronunciarse hacia un lado o hacia el otro, ahí va mi opinión. Yo soy de los segundos. Sí, así de contundente. Si bien estoy absolutamente de acuerdo con la segunda línea de argumentación expuesta, debo reconocer que, con fuertes matices, no descarto del todo la primera. ¡Oh, contradicción a la vista! No, tranquilos que ya veréis como no es este el caso.

Mis matizaciones, como de costumbre, vienen por la senda de cómo se usan las palabras. A mi entender, si que se puede crear en la mente de los consumidores una cosa, pero ésta yo no la consideraría una necesidad. Lo que a mi entender se puede crear es la ilusión mental de deseo, que algunos me dirán que es como decir necesidad, pero yo no lo veo así. De entrada se trata de una ilusión que consigue germinar el deseo en la mente, no lo crea directamente sino que requiere todo un proceso de autoengaño e ilusionismo. Además, deseo no es lo mismo que necesidad. Recordemos que deseo es querer una cosa y necesidad es que esta cosa no es imprescindible. Es imprescindible, que no es lo mismo que creemos que es imprescindible. Y es que cuando el deseo es lo suficientemente fuerte hay mucha gente que lo confunde con necesidad, pero se trata de términos con notorias diferencias.

Así que, ¿y tú de quién eres?

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